Serio retroceso en la situación de los derechos humanos la Siria de Bachar al Asad
El Kurdistán iraquí sienta las bases para formar su propio Estado en el futuro Irak federal
Reporteros sin Fronteras denuncia el estado de salud, aislamiento y casgtigos a conocidos escritores presos en Irán
La investigación sobre los atentados de Istanbul destapa el apoyo del Ejército al principal grupo terrorista de Turquía
Un desertor responsabiliza a los servicios secretos del atentado de Nayaf
Se ha solidarizado con las protestas universitarias, se opone al sistema integrista y ha hecho un llamamiento desde el exilio para acabar con la República Islámica
Los últimos atentados de Irak revelan el reagrupamiento de militantes vinculados a la red Al Qaeda de Bin Laden
200 niños kurdos fueron arrojados en Irak a una fosa común tras ser asesinados
Documentos y testimonios demuestran que mujeres kurdas fueron vendidas a países árabes durante la "Operación Anfal"
MANUEL MARTORELL
DAMASCO.- Cuando hace cuatro años Nizar Nayuf dejaba atrás nueve años de cárcel para tomar el camino del exilio en Fancia, su estado de salud debido a las duras condiciones de internamiento era tal que tuvo que hacerlo ayudado de unas muletas. Nizar había sido detenido en enero de 1992 por impulsar los llamados Comités de Defensa de las Libertades Democráticas y por difundir el boletín “Sawt al Democratiya” (La Voz de la Democracia). Nada más llegar a París, este periodista alawi galardonado con varios premios internacionales denunció la existencia de fosas comunes con presos políticos en Tadmor, Yaidez, Artuz y Dahda, y acusó a varios “barones” del Baas, entre ellos a Alí Duba, Hasán Halil, Muhamad al Huli y Rifat al Asad, de masacres en las que habrían muerto miles de opositores.
Todos los denunciados pertenecen a la denominada Vieja Guardia que, aun controlando fuertes resortes de poder en los servicios de inteligencia y el Ejército, no forman parte del proyecto democratizador liderado por el actual presidente Bachar al Asad. Incluso alguno de ellos –es el caso de Rifat al Asad, responsable de la aniquilación de los Hermanos Musulmanes- se ha visto obligado a abandonar el país.
Solo esta lucha soterrada entre la Vieja y la Nueva Guardia dentro del Partido Arabe Socialista del Renacimiento (Baas) explica la contradictoria actitud respecto a los derechos humanos del actual Gobierno sirio, ya que la liberación del más representativo luchador en esta materia sería seguida, a comienzos de septiembre de 2001, por el apresamiento de Riyad Turk, cabeza visible de la oposición política, que ya había pasado 17 de sus 80 años en las mazmorras del régimen.
Mientras salían de unas cárceles cientos de presos islamistas, baasistas proiraquíes o comunistas, en otras entraban los organizadores de los recién estrenados “clubs” políticos, verdaderos foros de debate que, entre junio y octubre del año 2000, dieron la impresión de que en Damasco florecía la “primavera democrática” prometida por Bachar al Asad cuando aceptó el legado político de su padre Hafez.
Diputados como Riyad Seif y Mamun al Homsi, médicos como Walid Buni o Kamal Labwani, abogados como Habib Isa o economistas como Aref Dalila acabaron tras las rejas por cuestionar al partido único, exigir el fin de un estado de emergencia vigente desde hace 40 años o reclamar la desaparición de los tribunales especiales.
Con el cierre de la revista Abdomari y, a partir del año 2003, la implacable persecución de los partidos kurdos, que aprovechaban la nueva situación para salir de la catacumbas, quedó bien claro que los servicios de inteligencia no estaban dispuestos a faciliar la apertura del régimen y su acercamiento a los países occidentales. El partido Yekití (Unidad), uno de los más activos entre los casi dos millones de kurdos sirios –el 10 por ciento de la población-, llegó a denunciar la muerte de un militante –Ahmad Husein- debido a las torturas infligidas.
Amnistía Internacional, por su parte, no ha cesado
en sus llamamientos urgentes para que se detuvieran los malos tratos en otros
casos, igualmente denunciados por partidos kurdos, especialmente tras los
graves disturbios que se registraron hace un año en las provincias
del norte, fronterizas con Turquía.
Solo hace unos días, esta organización humanitaria repetía
su exigencia de que el presidente Bachar al Asad abra una investigación
sobre estas denuncias, que han supuesto, definitivamente, el fin de una primavera
que, para florecer de nuevo, deberá esperar a que la Nueva Guardia
controle realmente los siniestros despachos desde los que se dirige la represión.
El Kurdistán iraquí, tras trece años de independencia práctica, sienta los cimiento del futuro Estado federal
El Kurdistán, que supone una porción de población
iraquí semejante a la del confictivo Triángulo Suní,
representa exactamente la imagen opuesta del Irak que se tiene en Europa.
En las provincias del norte bajo control kurdo, donde vive aproximadamente
el 20 por ciento de la población total de Irak, los grupos partidarios
de Sadam y los integristas radicales que forman la Resistencia apenas pueden
actuar; la gente de a pie colabora estrechamente con las autoridades, la vida
cotidiana transcurre en un ambiente de tranquilidad, los extranjeros son recibidos
con los brazos abiertos y las tropas norteamericanas siguen siendo consideradas
más libertadores que ocupantes.
La diferencia con el clíma bélico del Triángulo Suní
es tal que el Gobierno kurdo tiene preparado un mensaje publicitario para
emitir en las cadenas de televisión internacionales invitando a inversores
y turistas de todo el mundo a conocer “el otro Irak”, tal y como
reza el lema del anuncio televisivo Otra de las grandes diferencias es que,
si nadie duda de que la mayor parte de los árabes suníes boicotearán
las elecciones del próximo 30 de enero, igual de indudable es que los
kurdos, y también los mayoritarios chiíes, acudirán en
bloque a las urnas.
En las elecciones, los kurdos iraquíes -unos cinco millones-, además
de votar para el Parlamento que elaborará la futura constitución
del país y elegir los consejos locales, renovarán su Asamblea
Nacional -cámara autonómica-, instaurada en mayo de 1992 con
105 escaños, de los que 51 correspondieron al Partido Democrático
del Kurdistán (PDK), lidderado por Masud Barzani, 49 a la Unión
Patriótica del Kurdistán (UPK) de Jalal Talabani y los cinco
restantes al Movimiento Democrático Asirio (Zowa), la principal organización
cristiana de Irak.
Entonces se colocó un elevado listón -el 7 por ciento de los
votos- para conseguir representación parlamentaria; ese listón
se ha bajado considerablemente para permitir la entrada de otras fuerzas políticas
que tienen influencia en la sociedad kurda, como son los islamistas moderados,
los comunistas, los socialistas, los turcómanos y los partidarios de
la secesión de Irak.
De la primera Asamblea Nacional del Kurdistán, con sede en Arbil, surgió
el Gobierno que ha administrado durante casi catorce años, como si
de un Estado independiente se tratara, las provincias de Dahok, Arbil y Suleimaniya.
Tras esta larga experiencia de autogobierno, el Kurdistán iraquí
no solamente tiene Gobierno, presidido por Nechirvan Barzani, y Parlamento
propios, sino que, desde hace años, en el territorio bajo su jurisdicción
funciona con normalidad el sistema judicial, se ha restablecido la enseñanza
general básica y se han puesto en marcha cuatro universidades: las
de Dahok, Salahatín, Koysanjak y Suleimaniya. En esta última,
que fue la primera en crearse, se imparten 16 carreras y asisten a clase 8.000
jóvenes, casi la mitad de los cuales -el 46 por ciento- son mujeres.
También desde hace años, las dos regiones administrativas -la
fronteriza con Turquía, bajo control efectivo del PDK y la colindante
con Irán, dirigida por la UPK- cuentan con policía municipal,
de fronteras, rural y servicios de inteligencia que jugaron un papel clave
en la detención de Sadam Husein y de su vicepresidente, Ramadán.
Además, tienen en avanzado estado de formación un Ejército
regular, al que se deben sumar las milicias de los diferentes partidos: en
total, no menos de 100.000 hombres y mujeres armados.
En Suleimaniya, con más de 600.000 habitantes, existe una Academia
de Oficiales en el barrio de Tasruya. Aquí, con instructores procedentes
del disuelto Ejército iraquí, se graduaron en la última
promoción 115 cadetes -con rango de subteniente- entre los que, además
de kurdos, también había aspirantes turcómanos, árabes
y chiíes.
No lejos, en la zona de Kanigoma, igualmente a las afueras de la capital histórica
del nacionalismo kurdo, funciona desde hace meses a pleno rendimiento la Primera
Escuela de Combate, donde reciben entrenamiento con todo tipo de armamento
cientos de reclutas, muchos de ellos antiguos guerrilleros, para integrarse
en el futuro Ejército federal. El pasado mes de septiembre, se realizaron
las primeras maniobras con casi un centenar de tanques que, en opinión
del “general Mansur”, lograron un elevado índice de blancos.
Los principales partidos kurdos, que se presentan juntos tanto en las elecciones
legislativas iraquíes como en las autonómicas, han dejado bien
claro que no van a aceptar un nivel de autogobierno inferior al sistema federal
reconocido en la actual constitución provisional (Ley Administrativa
Transitoria). En caso contrario, o bien si la alianza chií impusiera
el establecimiento de un Estado islámico, iniciarían el camino
a la independencia, una opción que ya cuenta con un considerable respaldo
popular.
Este Estado federal no haría más que reconocer una estructura
orgánica e institucional, que ya funciona como tal desde hace más
de una década, semejante a la de cualquier nación independiente.
El Gobierno kurdo aspira, incluso, a tener competencias en sectores estratégicos
que hasta ahora le habían sido vetados: el petróleo y las líneas
aéreas. En este sentido, Rashid Josnau, director de la Industria de
Petróleo de Suleimaniya, destaca que no solo “los kurdos están
extrayendo crudo por primera vez en la historia”, sino que tienen intención
de seguir haciéndolo después de las elecciones.
Este ingeniero, del que depende también una refinería que produce
gasolina, gasoil y queroseno -otra está prevista en Arbil-, advierte
que tras los comicios se planteará esta cuestión al nuevo Gobierno
central y que tendrán que llegar a un acuerdo para que tanto las empresas
dependientes de Bagdad como las del Ejecutivo autonómico participen
en la explotación de unas reservas equivalentes a la cuarta parte de
las existentes en todo el país.
Las negociaciones con Bagdad están mucho más avanzadas en la
reivindicación kurda de homologar como aeropuertos internacionales
las pistas e instalacciones de Ainkawa y Bakrajo, totalmente rehabilitadas,
para que puedan recibir vuelos regulares desde cualquier parte del mundo sin
tener que hacer escala en Mosul o Bagdad. De hecho, el aeropuerto de Ainkawa,
a las afueras de la zona cristiana de Arbil, ya mantiene desde el pasado mes
de septiembre un puente aéreo semanal con Amán, la capital de
Jordania, y recibe periódicamente aviones con gran capacidad de carga.
Gracias al programa Patróleo por Alimentos, el Gobierno kurdo también
ha logrado reconstruir la mayor parte de las infraestructuras, pueblos y ciudades
arrasadas durante las campañas de limpieza étnica lanzadas por
Sadam Husein durante los años 80, ha impulsado una masiva campaña
de edificación de viviendas, ha recuperado grandes extensiones de cereal
y cultivos hortofrutícolas, y hasta se permite el lujo de mostrar una
rudimentaria industria turística que, de acuerdo con sus datos, habría
atraido durante el pasado año a no menos de 200.000 personas procedentes
de otras partes de Irak, como Mosul, Baquba, Bagdad y hasta de la lejana Basora.
Las cascadas de Beijal, junto a la localidad de Rawanduz, Shaklawa, Amadiya,
el desfiladero de Ali Beg, que recuerda al Cañón del Colorado,
el parque de Charchenar en Suleimaniya, el pantano de Dokán o la zona
montañosa de Sarsang son los lugares más frecuentados por este
turismo interior, que también aprovechan para escapar de la agobiante
tensión de Bagdad diplomáticos, empresarios e, incluso, los
marines norteamericanos que tienen alquilado al completo el hotel Asur, a
orillas del pantano de Dokán.
Nauchirwan Ahmad, el gobernador de Dahok, es la personificación del
desarrollo económico alcanzado por los kkurdos iraquíes. Sus
planes incluyen nuevos pantanos, parques eólicos, fábricas,
carreteras, túneles, regadíos y, sobre todo, un ambicioso complejo
para explotar la zona turística de Sarsang, que incluye hotel de lujo,
apartamentos dúplex, polideportivo, piscina, centro recreativo, sala
de conferencias, lagos y cascadas artificales, un aparcamiento de 4.000 metros
cuadrados, helipuerto y conexión con el cercano aerodromo de Bamarni.
Las autoridades kurdas calculan que, desde 1992, se han creado en las tres
provincias bajo su control cerca de 2.000 nuevas empresas y solamente en Suleimaniya
hay dos polígonos industriales con decenas de empresas dedicadas, fundamentalmente,
a fabricar materiales de construcción y a la comercialización
de los productos que se importan vía Turquía o Irán.
No es raro ver junto a las carreteras que unen las principales ciudades, grandes
vallas publicitarias de conocidas multinacionales, como Bosch, Hitachi o Siemmens
y el Gobierno ha creado, con la colaboración de empresarios británicos,
una Corporación para el Desarrollo del Kurdistán, cuyo objetivo
es asesorar a las firmas extranjeras que deseen aprovechar lo que su director,
Douglas Layton, considera “uno de los lugares con mayores posibilidades
de desarrollo del mundo”. Layton, un británico que ha convertido
el Kurdistán en su segunda patria, destaca las ventajas de este territorio
no solo para explotar sus valiosos y vírgenes recursos naturales, especialmente
la abundancia de agua, sino para utilizarlo como plataforma de intervención
económica en el resto de Irak y en otros países de Oriente Medio
en un clima de seguridad que, en su opinión, es muy superior al de
muchas ciudades de Estados Unidos.
Paralelo a esta incipiente economía de mercado, se está gestando
en el Kurdistán iraquí un embrión de sociedad civil con
redes de internet y telefonía móvil, decenas de canales de televisión,
entre ellos dos vía satélite, más de doscientos periódicos
diarios y semanarios, asociaciones de todo tipo, incluidos los movimientos
feministas, y partidos políticos que ocupan todo el abanico ideológico
posible, desde el islamismo moderado y las posiciones conservadoras hasta
la extrema izquierda marxista.
Destacados dirigentes kurdos, entre ellos Barham Saleh, mano derecha de Jalal
Talabani, ofrecen la experiencia kurda como modelo a seguir en el resto de
Irak. Algunos analistas van, incluso más lejos, y aseguran que, en
el fondo, el objetivo de Estados Unidos sería aplicar a todo Irak el
modelo kurdo para, después, extender el modelo iraquí por todo
Oriente Medio.
MANUEL MARTORELL (publicado en Elconfidencial.com)
La organización Reporteros Sin Fronteras ha realizado
un llamamiento internacional en solidaridad con diez periodistas iraníes
encarcelados cuya salud tanto física como psicológica se está
debilitando progresivamente al permanecer en celdas de aislamiento y no recibir
los cuidados médicos que necesitan.
Entre estos periodistas se encuentran incluso dirigentes del movimiento reformista
que, como Abas Abdi, apoyan al actual presidente de Irán. Abas Abdi,
que en 1979 se puso al frente del asalto y ocupación de la Embajada
de EEUU en Teherán, está condenado a cuatro años y medio
de prisión por sus comentarios en el diario Salam, en el que se ha
mostrado abiertamente partidario de la reconciliación con Washington.
Sin embargo, Robert Menard, secretario general de Reporteros Sin Fronteras, llama especialmente la atención sobre el estado de salud de Siamuk Pourzand, un periodista de 74 años condenado a 8 años de cárcel que, tras ser torturado, padece graves problemas psíquicos, según ha informado Ali Reza Almadi, compañero de presidio que ha conseguido salir en libertad este mes de enero tras pagar una fianza equivalente a 100.000 euros.
La esposa de Pourzand asegura que Siamuk “no puede
andar ni hacer sus necesidades diarias” y que, pese a que un diagnóstico
del Hospital Imam Jomeini recomienda una intervención quirúrgica
para aliviar la artrosis provocada por desajustes discales, fue llevado a
una celda de aislamiento en la prisión de Evin.
Asimismo se encuentra en una delicada situación Alí Reza Jabari,
de 60 años, tratado como un delincuene común, con problemas
cardiácos y al que las autoridades carcelarias le han negado recibir
este invierno las prendas de abrigo enviadas por su mujer. Alí Reza
Jabari fue condenado la pasada primavera a tres años de prisión,
además de recibir 253 latigazos por atentar con sus artículos
contra los valores fundamentales de la República Islámica.
Según la legislación iraní, el encargado de aplicar este castigo debe llevar el látigo en una mano y en otro un ejemplar del Corán con el fin de amortiguar la fuerza de los golpes. Para evitar esta “incomodidad”, suele ser, sin embargo, usual que el verdugo sustituya el pesado manual religioso por una versión digital grabada en un liviano CD.
Reporteros Sin Fronteras informa que a comienzos de este mes de enero más de un millar de estudiantes universitarios denunciaron la indefensión de los intelectuales Reza Alajani, Hoda Saber y Taghi Rahmani, retenidos de forma ilegal, ya que se había cumplido el tiempo jurídicamente estipulado para su privación de libertad.
Los dos primeros trabajaban en el rotativo Iran-e-Farda y el tercero en Omid-e-Zangan; los tres han sido aislados en sus respectivos centros penitenciarios en celdas individuales. Otro prestigioso escritor preso por sus críticas al sistema integrista es Akbar Ganji, columnista de Sobh-e-Emuz, que en abril de 2000 fue condenado a seis años de cárcel.
Igualmente se menciona en el informe de Reporteros Sin Fronteras los casos de Husein Ghazian, del periódico Noruz, condenado a cuatro años y medio; Hasán Yusefi Eskevari, diabético que necesita tratamiento con insulina, e Iraj Jamshidi, director del periódico Asia. Iraj está encarcelado, sin juicio, desde el 6 de julio del pasado año. Aislado del resto de los reclusos fue trasladado temporalmente a un dormitorio colectivo mientras duró la visita de Ambeyi Ligabo, relator especial de la ONU enviado a Irán, precísamente, para elevar a este organismo internacional un informe sobre las condiciones de encarcelamiento de los opositores a la República Islámica.
MANUEL MARTORELL (publicado en el diario El Mundo el 11 de diciembre de 2003)
De la investigación sobre los sangrientos atentados de Istanbul se
deduce una conclusión no por esperada menos sorprendente: los autores
pertenecerían al grupo Hezbolá, una siniestra organización
que nació, creció y actuó durante la pasada década
al amparo del Ejército y del propio Gobierno turco.
Los primeros datos de las pesquisas policiales indican que los “kamikazes” que hicieron estallar los coches-bomba frente a las dos sinagogas, el Consulado y el banco británicos de Istanbul partieron de una célula que esta organización tenía en Bingol. Concretamente, la policía habría encontrado pruebas de la participación de Feridun Ugurlu, Mesut Cabuk, Azad Ekinci y Gokhan Elaltuntas, estos dos últimos asociados a un café internet del centro de Bingol, en el que la policía se habría incautado de varios ordenadores para analizar su información.
Como ya han indicado varios medios de comunicación y analistas turcos, con este Hezbolá habría ocurrido en Turquía algo semejante al caso de los talibanes en Afganistán. Desde los servicios de inteligencia se habría alimentado a estos “escuadrones de la muerte” con el objetivo de aniquilar a dirigentes izquierdistas, kurdos o alevis para hacerlo desaparecer cuando su actuación ya no interesara a los intereses del Estado.
Entre enero y febrero del año 2000 fueron detenidos cientos de militantes, registrados decenas de pisos francos, en pocos días se resolvieron más de 400 asesinatos no aclarados, se localizaron 58 cadáveres en fosas comunes, la policía encontró cintas de vídeo donde habían grabado las salvajes torturas y ejecuciones de los desgraciados que caían en sus manos y su máximo líder, Huseyin Velioglu, murió cuando unidades especiales asaltaron su casa Beykoz (Istanbul) durante un aparatoso operativo transmitido por televisión.
La policía, entonces, prácticamente desarticuló toda la organización, pero muchos militantes lograron ponerse a salvo cruzando las fronteras de Irak e Irán, llegando hasta Afganistán y Paquistán, donde pudieron establecer contactos con la red de Al Qaeda, tal y como ya lo habían hecho antes Ekinci y Cabuk, dos de los integrantes de la célula de Bingol.
La relación del Hezbolá turco con el Ejército y los servicios secretos no es algo desconocido en Turquía; de hecho, en 1995 una comisión parlamentaria recabó evidencias de esta relación. Entre ellas figuraba el testimonio de un responsable policial de Batman, según el cual en el distrito de Gercus, entre las aldeas de Seku, Sonuhu y Cicekli, funcionaba uno campo de entrenamiento al que se le suministraba armas adquiridas en Europa del Este. Poco después de sus declaraciones, este funcionario fue destituido.
El Hezbolá turco fue utilizado fundamentalmente para combatir al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) en los núcleos urbanos, donde actuaba a plena luz del día sin que sus activistas fueran molestados. Esta estrategia fue reconocida en su momento por el general Hasan Kundakci en unas declaraciones publicadas por el diario Milliyet y el dirigente socialdemócrata Fikri Saglar llegó a afirmar, en 1992, que esta política estaba basada en los planteamientos antiterroristas diseñados por el Consejo de Seguridad Nacional el año 1985.
Al menos tres periodistas turcos han sido asesinados por investigar y publicar informes sobre los vínculos entre el aparato del Estado y el grupo terrorista Hezbolá, al que en las provincias kurdas se le conocía con el nombre de Hezbo Contra, en referencia a la Contra nicaragüense. El primero de ellos fue Halit Gungen, periodista del semanario “2000’ Dorgru” (Hacia el 2000), que fue asesinado en su oficina de Diyarbakir el 18 de febrero de 1992. Solamente dos días antes había aparecido un reportaje suyo denunciando la relación entre Hezbolá y la policía. Unal Erkan, gobernador especial de las provincias bajo estado de emergencia, reconoció que el militante de Hezbolá responsable del crimen fue puesto en libertad tras permanecer detenido varios meses.
Hafiz Akdemir murió en la misma ciudad al ser alcanzado por disparos en plena calle solamente cuatro meses después –el 8 de junio-; había informado en el periódico “Ozgur Gundem” (Agenda Libre) que un hombre que había colaborado en dos asesinatos de Hizbulá fue liberado por la policía tras haber sido detenido. Finalmente, Namik Taranci, redactor del semanario “Gercek” (Realidad), fue tiroteado el 20 de noviembre de ese mismo año igualmente en Diyarbakir cuando se dirigía al trabajo. Acababa de publicar una información sobre las relaciones entre el Estado y Hezbolá.
Pese a pedirlo tanto Amnistía Internacional como Human Rights Watch, el Gobierno de Turquía jamás quiso realizar una investigación seria sobre estos vínculos. Ahora, en palabras de Ridvan Kizgin, representante de Asociación de Derechos Humanos en la ciudad de donde salieron los “kamikazes”, hay que tener en cuenta el pasado para comprender hasta dónde se puede llegar desde un lugar como Bingol.
Artículo publicado por MANUEL MARTORELL en Elconfidencial.com
Un oficial de los servicios secretos iraníes asegura haber participado el 29 de agosto en el atentado de Nayaf, el más sangriento de los registrados en Irak –80 muertos- y en el que perdió la vida Muhamad Baker al Hakim, líder del Consejo Supremo de la Revolución Islámica, el partido con mayor influencia entre la población chií de este país. Según ha explicado tras huir de Irán por temor a ser asesinado, la decisión del atentado de Nayaf fue tomada por los generales Qasemi Suleimani y Ali Aga Muhamedi, en colaboración con Alí Lariyán, subdirector de la cadena oficial de televisión iraní.
El atentado, siempre de acuerdo con este testimonio, habría sido encargado por la sección de inteligencia de los Guardianes de la Revolución –el ejército religioso de Irán- a una unidad especial denominada Sepah-e-Qods. El objetivo consistía en poner fuera de juego a Muhamad Baker al Hakim por haber dado la espalda a la República Islámica de Irán –estaba exiliado en Teherán- y por ser partidario de colaborar con la coalición angloamericana.
Siguiendo el plan de los servicios secretos, este desertor se integró en un comando de cuatro personas, tres de las cuales habrían muerto después del atentado en extrañas circunstancias. Siempre según lo relatado por esta persona, cuyo nombre y actual localización permanecen en el anonimato, el comando llegó a Nayaf –el Vaticano de los chiíes- camuflado como un equipo de la radiotelevisión iraní. Una vez en la ciudad santa de Irak, se les unieron varias personas más que habían conseguido introducir entre 700 y 800 kilos de explosivo.
Estas informaciones divulgadas por el “desertor” coinciden con otras difundidas por Ali Reza Nurizadeh, un conocido periodista iraní experto en los servicios de inteligencia de su país. Concretamente, dos semanas antes del atentado de Nayaf, Ali Reza explicó en un artículo que el grupo Sepah-e-Qods había realizado un llamamiento público tanto al Consejo Supremo de la Revolución Islámica como al partido Al Dawa –otra importante organización chií de Irak- para que se distanciaran de EEUU.
Igualmente señalaban a los ayatolás Alí Sistani, Said Al Hakim y Fayazi, máximos responsables de la Hawza –dirección teológica del chiísmo iraquí-, como responsables de esta política colaboracionista y les advertía que si seguían esta línea terminarían como Abdulmayid Joi, un ayatolá prooccidental que fue asesinado nada más regresar a Nayaf de su exilio londinense en plena guerra.
El mismo objetivo tenía la información divulgada por el periódico Al Sharq Al Awsat según la cual un comando iraní había penetrado en Irak con el objetivo de localizar y neutralizar a Husein Jomeini, nieto del ayatolá Jomeini y recientemente huido a Nayaf para ponerse al frente de un movimiento de oposición contra la República Islámica.
De la identidad del “desertor” que responsabiliza a las autoridades iraníes del más grave de los atentados registrados en Irak después de la caída de Sadam Husein solamente hay referencias en las declaraciones hechas por otro ex oficial de los servicios de inteligencia iraníes llamado Amir Farshad Ebrahimi, que actualmente vive exiliado en Toronto (Canadá).
Amir Farshad ha afirmado ante los medios de comunicación que el “desertor” se había puesto en contacto con él a través del correo electrónico, que le reconoció como uno de sus compañeros de academia dentro de los Guardianes de la Revolución y confirmó que otro de los miembros del comando, de nombre Askari, había muerto según la versión oficial debido a un disparo fortuito en el cuartel general de Monayat.
Al comprobar que un tercer miembro del comando fallecía en un accidente de tráfico, cuando se dirigía por una autopista desde la Academia de los Pasdarán a la capital iraní, y el cuarto moría en el hospital de Baquiola debido a una grave intoxicación, “el desertor” decidió salir del país aprovechando un permiso con el total convencimiento de que él era el siguiente de la lista.
Por Manuel MARTORELL para Elconfidencial.es
Husein Jomeini, nieto del ayatolá Ruhollah Jomeini,
ha desertado del jomeinismo para pasarse con armas y bagajes a las filas de
la oposición a la República Islámica, llegando a pedir,
como lo ha hecho en varias ocasiones, la intervención de Washington
para derribar el Gobierno de Teherán.
La última vez lo ha hecho en los propios Estados Unidos, adonde ha
llegó a finales de septiembre para participar en una conferencia ecuménica
paralela a la Asamblea General de la ONU y también para intervenir
en unos encuentros sobre la crisis de Oriente Medio e Irak invitado por el
American Enterprise Institute, un centro de estudios vinculado a la Casa Blanca.
En opinión de quien fundara la República Islámica de
Irán en 1979, los actuales dirigentes iraníes “han utilizado
el nombre de Jomeini y del Islam para perpetuar una tiranía”
que no ha dudado en calificar como “la peor de las dictaduras”.
Aprovechando su estancia en EEUU, Husein Jomeini ha reiterado sus llamamientos
a la toda la oposición iraní para que una sus fuerzas, haciendo
explícitas referencias a los monárquicos y a los muyahidines
del pueblo.
Husein, que tiene 46 años y es hijo de Mustafa Jomeini, abandonó
su residencia de Qom, la ciudad donde residen las máximas autoridades
teológicas de Irán, para exiliarse en la ciudad santa de Nayaf
(Irak), lugar que precisamente eligió su abuelo Ruhollah en 1965 para
ponerse al frente del movimiento contra la dictadura del sha Reza Phalevi.
El distanciamiento del Husein con el régimen iraní comenzó
cuando su tío Ahmed, también crítico con el actual Guía
de la Revolución, fue asesinado en extrañas circunstancias.
Últimamente, su apoyo a las protestas estudiantiles y a las tesis del
ayatolá Montazeri, partidario de separar religión y Estado,
provocaron el enfrentamiento primero y después su huida a Irak.
Ya en Nayaf, Husein Jomeini no dudó en vaticinar que el amplio movimiento
de protestas de los universitarios se convertirá pronto en una verdadera
“revolución popular” y pidió la solidaridad internacional
para ayudar al pueblo iraní a derribar la dictadura, no descartando
entonces su apoyo a una posible intervención norteamericana a semejanza
de lo ocurrido en Irak.
En la ciudad santa de los chiíes, Husein también ha intervenido
en la lucha por el poder dentro de la Hawza (dirección teológica
del chiísmo) al oponerse a las pretensiones del cheik Alí Hairi,
enviado por el régimen de Teherán, de extender las posiciones
pro iraníes entre los chiíes de Irak. En este sentido, Husein
ha tomado partido por los ayatolás más moderados, como Alí
Sistani, Said Al Hakim y Fayahi, en contra de la tendencia representada por
Muktada al Sader, partidario de establecer en Irak un estado islámico.
De acuerdo con informaciones difundidas por el periódico árabe
Al Shark al Awsat, editado en Londres, un comando especial de los Guardianes
de la Revolución habría cruzado la frontera de Irak con el objetivo
de asesinarle, ya que el régimen iraní teme que, con sus llamamientos,
el nieto de Jomeini se convierta en el elemento simbólico capaz de
aglutinar a las dividida oposición iraní.
Por MANUEL MARTORELL para Elconfidencial.es
Aunque las autoridades norteamericanas siguen relacionando el atentado contra
la ONU en Bagdad con partidarios de Sadam Husein, algunos dirigentes iraquíes,
buenos conocedores de su país, no descartan que tanto esta acción
como la que destruyó parcialmente la Embajada de Jordania sean responsabilidad
de seguidores de Bin Laden, que, en todo caso, habrían contado con
la colaboración de antiguos baasistas.
De acuerdo con estas opiniones, en realidad se estaría produciendo
en Irak un reagrupamiento de militantes de Al Qaeda con el objetivo de convertir
este país, aprovechando el actual caos, en un nuevo frente contra Estados
Unidos y para frenar la penetración occidental a través de organismos
internacionales y organizaciones no gubernamentales.
Este reagrupamiento se estaría realizando en base a los restos del
grupo Ansar al Islam (Partidarios del Islam), que, con varios centenares de
miembros, llegó a crear un “emirato islámico” en
una recóndita región montañosa fronteriza con Irán.
Este “emirato” quedó disuelto al ser atacada, durante la
ofensiva angloamericana, su capital –Biyara- por “peshmergas”
kurdos y unidades estadounidenses. Según han comentado personas que
intervinieron en esta operación, causó verdadero asombro la
sofisticación y cantidad de armamento que estaba en posesión
de este grupo que jamás negó sus simpatías por Bin Laden.
Se sabe que, en el asalto a Biyara, murieron buena parte de sus cuadros cuando
su sede central, ubicada en un edificio aledaño a la mezquita, fue
alcanzada de lleno por un misil; sin embargo, buena parte de los “ansar”,
muchos de ellos ex combatientes de Afganistán, les dio tiempo para
dispersarse por estas montañas de difícil acceso y cruzar la
frontera iraní. Ahora se estarían concentrando de nuevo en esta
región gracias a la ayuda de otro grupo radical, denominado Komala
Islami, cuyos miembros fueron “desterrados” y reasentados en las
proximidades de Qala Diza.
Estos militantes islámicos, que seguirían contando con gran
cantidad de armas y explosivos, gozarían ahora de una libertad de movimiento
que no tenían antes de la guerra, ya que entonces estaban prácticamente
aislados en su “emirato de Biyara”. Algo parecido estaría
ocurriendo con otros seguidores de Bin Laden que, procedentes del exterior,
estarían aprovechando la alta permeabilidad de las fronteras –actualmente
no se exige visado para viajar a Irak- para entrar en Irak y conectar con
las células ya recompuestas en el interior.
Se cree que, en los últimos tres meses, se habrían “colado”
de esta forma desde Siria, Jordania, Arabia Saudí e Irán cerca
de un millar de jóvenes adiestrados como auténticos especialistas
en sabotajes y acciones suicidas. Barham Saleh, un dirigente kurdo que sobrevivió
milagrosamente a un atentado en el que perdieron la vida cinco de sus guardaespaldas,
no duda en responsabilizar a estos grupos de las explosiones en la Embajada
de Jordania y en la sede de la ONU. Saleh también ha acusado a algunos
países de la zona –sin citar nombres- de “hacer la vista
gorda” al paso de estos militantes por sus fronteras.
Por su parte, Jalal Talabani, que juega un destacado papel en el Consejo de
Gobierno de Irak y cuya organización ha perdido cerca de un centenar
de miembros en ataques de Ansar al Islam, ha recordado la similitud de estas
tácticas de los “coches bomba” con las usualmente utilizadas
por Al Qaeda. En opinión de Talabani, los seguidores de Sadam Husein
tienen menos capacidad de maniobra que los nuevos “ansar”, ya
que son fácilmente localizables por sus vínculos con el anterior
régimen.
Otra de las ventajas que tendrían los fundamentalistas islámicos
respecto a los antiguos baasistas estribaría, precisamente, en que
sus tentáculos podrían extenderse por todo el país, rompiendo
así los límites del llamado “triángulo suní”,
situado al noroeste de la capital. Concretamente, además de la capital,
los simpatizantes de Al Qaeda tendrían también células
en Mosul, el Kurdistán, Bagdad e, incluso, en el sur chií, ya
que entre sus planteamientos se encuentra, precisamente, la eliminación
de las diferencias internas dentro del Islam.
Pese a ello, todos los líderes chiíes de Irak, incluidos los
más radicales y antinorteamericanos –como los seguidores de Murtada
al Sader- han condenado y se han desvinculado de estos atentados, acusando,
al igual que los dirigentes kurdos, al antiguo régimen de financiar
a sus autores, en una extraña alianza que, en opinión de Jalal
Talabani, provocará “más atentados de este tipo”
en el futuro.
MANUEL MARTORELL
Hasta hace unos días solamente era una sospecha que nadie podía
probar; ahora, gracias a un documento policial encontrado en Kirkuk, se ha
confirmado lo que para muchos era más que un bulo: durante las campañas
de exterminio contra el pueblo kurdo en los años 80, el Ejército
iraquí se apropió de un número indeterminado de mujeres
para convertirlas en esclavas sexuales.
Desde hace tiempo, en el Kurdistán iraquí se venía hablando
de casos concretos de jóvenes que, siendo apresadas junto a miles de
kurdos en aplicación de la denominada “Operación Anfal”,
fueron puestas al servicio de mandos militares y autoridades del régimen
de Sadam Husein.
Entre estos casos, se suele citar como ejemplo el de un soldado mecánico
que, tras haber arreglado el coche de un oficial en una base al norte de Bagdad,
se negó a recibir una compensación económica por el servicio
prestado; entonces, el superior, para agradecer la gentileza de su subordinado,
se dirigió a un camión que transportaba decenas de kurdos en
dirección a los lugares de ejecución en el sur del país,
hizo bajar a una mujer y se la entregó al soldado.
Entre los nuevos testimonios que, en este sentido, se están divulgando
también figuran los de los habitantes de la comarca de Kader Karam
–cercana a Kirkuk-, de la que fueron desalojadas para su exterminio
más de 8.000 personas. Por su parte, los vecinos de Du Bes, una localidad
que sirvió de campo de concentración para miles de kurdos, también
aseguran conocer casos de algunas mujeres que se salvaron de terminar sus
días en las fosas comunes porque fueron vendidas en países árabes.
Pero ha sido un documento oficial, incautado tras la caída del régimen
en la sede de la policía secreta de Kirkuk, el que ha dado veracidad
a todos estos rumores. Se trata de una comunicación registrada con
el “número 1.601” y con fecha de 10 de diciembre de 1989,
enviada por el director de los Servicios de Inteligencia de Taamin al director
general de los Servicios de Inteligencia de Bagdad. Clasificado como de “máximo
secreto”, el documento cita los nombres y edades de 18 mujeres que fueron
transferidas para ser enviadas a sus “nuevos propietarios” en
Egipto.
Los nombres citados en la mencionada comunicación son: Galawej Adel
Rahim –12 años-, Chiman Nazim Abas –22 años-, Layla
Abas Jawhar –21-, Lamiah Nazim Omar –19-, Bahman Shukir Mustafa
–26-, Khurasan Abdulla Tawfiq –20-, Qadriya Ahmed Ibrahim –17-,
Golmalek Ibrahim Ali –19-, Khawla Ahmed Fakhradeen –25-, Esmat
Kader Aziz –24-, Najiba Hassan Ali –18-, Hasiba Amin Ali –29-,
Shiler Hassan Ali –20-, Shukriya Rustem Mohammad –27-, Habiba
Hidayat Ibrahim –15-, Kuwestan Abas Maulud –26-, Serwa Othman
Karam –17- y Suza Majeed –22-.
Este documento ha sido difundido, a finales del pasado mes de julio, por la
Iniciativa de Mujeres Kurdas contra los Crímenes de Honor (KWAHK),
una organización dedicada a la defensa de los derechos de las mujeres
kurdas y de forma más concreta a denunciar el resurgimiento de costumbres
atávicas que, como los llamados “crímenes de honor”,
se registró sobre todo en el Kurdistán iraquí durante
los años de vacío de poder que siguieron a la Guerra del Golfo
de 1991.
En un llamamiento internacional, la KWAHK pide al representante de la ONU
en Irak –Sergio Vieira de Mello-, al administrador estadounidense –Paul
Bremer- al enviado especial del Reino Unido –John Sawaers- y al recién
elegido Consejo de Gobierno que investiguen estos hechos y que hagan públicos
todos los documentos oficiales que se refieran a los mismos.
Esta organización de mujeres kurdas se dirige también a la Liga
Arabe y de forma muy especial al Gobierno de Egipto para que aclaren cuál
ha sido el papel jugado por sus funcionarios y de qué forma han colaborado
en este tráfico de “trata de blancas” con los Servicios
de Inteligencia del Baas iraquí.
La Iniciativa de Mujeres Kurdas contra los Crímenes de Honor considera
estos hechos una muestra más de la depravación a la que llegó
el régimen de Sadam Husein durante las masacres en masa contra la población
kurda y advierte que, “si alguna de estas mujeres son encontradas vivas,
deben tomarse una serie de medidas, incluidas las compensaciones económicas,
la asistencia psicológica, una protección continuada y el retorno
a sus lugares de origen”.
Muchos murieron lentamente al no recibir ni agua ni comida ni atención médica cuando sus padres y hermanos eran trasladados para ser ejecutados
"LOS SANTOS INOCENTES DE DU BES". Manuel Martorell; El Mundo 12-7-03
En Du Bes, que en kurdo significa “Dos Peces”, se encuentra uno de los cementerios más extraños del mundo; aquí, a unos 50 kilómetros de Kirkuk en dirección a Mosul, el Ejército iraquí enterró en una fosa común a más de 200 niños, cuyas vidas fueron segadas cuando acompañaban a sus padres camino de la muerte. “Había niños de cinco años, de tres, de uno, de varios meses, de un mes y hasta de un solo día”, comenta el maestro del pueblo, Alí Mohamed Amini, quien, junto con otros dos vecinos del pueblo, los desenterraron “top secret” –como les gusta decir- para volverlos a enterrar de uno en uno.
Nadie sabe sus nombres, nadie ha reclamado ni reclamará sus pequeños cuerpos, nadie conoce a sus padres, hermanos y hermanas porque siguieron el mismo destino a la nada muy lejos de Du Bes. Algunos de sus familiares fueron asesinados y amontonados en otras fosas comunes cerca de Hit, otros en pleno desierto, junto a la frontera de Arabia Saudí; seguramente están entre los miles de cadáveres que están apareciendo en decenas de enterramientos colectivos por toda la geografía iraquí.
La trágica historia de los “santos inocentes” de Du Bes comenzó el 1 de abril de 1988, en plena “Operación Anfal” contra los kurdos. Todos vivían en la comarca de Kader Karam, situada al noreste de la ciudad de Kirkuk. Durante 16 días y utilizando todo tipo de vehículos fueron “vaciados” cerca de 100 aldeas, explica Kaska, un anciano que huyó, como muchos otros habitantes, a los montes para no ser apresado. En el pueblo de Kaska, desaparecieron 104 de las 150 familias que componían el pueblo; en total se cree que el Ejército se llevó en todo Kader Karam entre 8.000 y 10.000 personas.
Primero fueron trasladados hasta Chamchamal, una ciudad situada a 50 kilómetros de Kirkuk en la carretera a Suleimania; después fueron llevados a la base militar de Du Bes, que hizo las veces de campo de concentración. Aquí, mientras iban llegando las nuevas remesas de kurdos, las mujeres eran separadas de los hombres y encerradas con los niños en barracones, mientras que los varones seguían su forzoso traslado.
Durante dos semanas no se les suministró comida, ni medicinas, ni agua; muchos niños y bebés fueron falleciendo por los golpes recibidos, por desnutrición y falta de atención médica. Los vecinos del pueblo aseguran que algunas mujeres escribieron en las paredes sus nombres para dejar constancia del exterminio. Al ser derribado Sadam Husein, la base militar fue abandonada y saqueada como todas las demás; los del pueblo intentaron descubrir estos nombres pese a haber quedado ocultos por varias capas de pintura cuando los barracones fueron transformados en gimnasios.
En los barracones todavía se pueden ver los dibujos alegóricos con gimnastas y fornidos atletas por las paredes. Uno de los vecinos señala uno de los nombres descubiertos; responde a una mujer que se llamaba Salma. En el pueblo están convencidos de que no todas las mujeres fueron asesinadas y que algunas, las más hermosas y agraciadas, fueron colocadas en las redes de “trata de blancas”, algo de lo que nadie, ni siquiera los antiguos habitantes de Kader Karam que lograron escapar, tiene constatación alguna.
Los niños que no resistieron el traslado o que murieron por los malos tratos recibidos fueron amontonados en una fosa excavada junto a una caseta que hay a las afueras del pueblo, algo que las profundas ideas religiosas de Alí Mohamed –el maestro- no podían permitir. Confabulado con otros dos vecinos –Muhamad Mustafa y Sabri Sherif Salah- y tras sobornar a algunos soldados dándoles 10 dinares a cada uno, fueron desenterrando, uno a uno, aquellos cuerpecitos y trasladándolos hasta la aldea, donde, también por la noche, los fueron colocando en sepulturas individuales.
“Yo creo que había más de 200”, dice Muhamad Mustafá. También aseguran que algunas niñas conservaban sus muñecas. Hoy, en medio del pueblo de Du Bes, junto a una acequia de aguas residuales, hay un camposanto con 200 piedras que señalan cada uno de los enterramientos. Para certificar su relato, varios vecinos fueron a por unas palas y descubrieron una de las sepulturas; el esqueleto apareció desordendo bajo una placa de piedra; de allí sacaron un reducido cráneo y unas minúsculas costillas, que, exactamente, no podían corresponder a un niño de más de cinco años.
Nadie sabe nada más sobre estos niños, salvo que una mujer, cuando estaban dándoles sepultura, aseguró reconocer a una niña que se llamaba Kawa; es el único nombre propio de estos más de 200 niños kurdos que, aquí, en Du Bes, encontraron el prematuro final de sus vidas, sin ser conscientes de que todos los apresados en Kader Karma, incluidos sus padres y hermanos, estaban destinados a seguir la misma suerte que ellos.
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